MARIANO BENLLIURE

Hoy queremos hablaros de uno de los escultores más importantes de nuestro país quien nos ha dejado innumerables obras de arte repartidas por toda nuestra geografía: Mariano Benlliure.

Nacido en Valencia el 8 de septiembre de 1862 y fallecido en Madrid el 9 de noviembre de 1947, Mariano Benlliure fue un prolífico escultor denominado el último gran maestro del realismo decimonónico.

Criado en el humilde Barrio del Carmen de Valencia, Mariano Benlliure fue criado en un ambiente artístico, ya que su padre era decorador y sus hermanos mayores, pintores.

Su vocación no tardó en aflorar siendo aún muy niño. A la edad de 9 años comenzó a trabajar de tallista con su hermano Pepe en Madrid, donde tuvo la oportunidad de realizar varios cursos y exponer alguna de sus obras. Su primera escultura importante la realizó en la ciudad de Zamora como encargo de la Real Cofradía del Santo Entierro. Realizó el paso procesional llamado “El Descendido” con tan sólo 15 años.

Pasó un tiempo en París y En Roma, donde cultivó la pintura hasta que quedó totalmente fascinado con Miguel Ángel y volvió a lo que sería su gran pasión, la escultura.

A raíz de su vuelta a Madrid, se labró una fama y un nombre, lo que le reportó ser el creador de numerosos monumentos públicos de la ciudad. Además, su vida personal se convirtió en popular al casarse con la soprano Lucrecia Araba, lo que acrecentó su fama allende los mares.

Su obra es realista, muy detallista y minuciosa y con un modelado nervioso pero vivaz.

Por un error en la autentificación de la obra que mostrábamos en esta sección titulada “Tauromaquia” hemos procedido a eliminarla ya que la imagen que mostrábamos se trataba de una réplica del original de Mariano Benlliure.

Sentimos el error y las molestias ocasionadas.

EL THANGKA

El Thangka se podría considerar un tapiz ya que es una tela, normalmente de seda, que ha sido pintada y que suele colgarse en los monasterios budistas o en altares familiares.

Etimológicamente, su traducción literal es “pintura realizada sobre una superficie plana. Y su origen es nepalí.

Las primeras que se realizaron están datadas en el siglo XI d.C. y comenzó cuando los budistas las empezaron a utilizar para sus ilustraciones de deidades. Según la historia fue exportada al Tíbet por la princesa nepalí, Bhrikuti, en sus nupcias con el gobernante tibetano Sron Tsan Gampo.

A partir del siglo XIII d. C. los artesanos nepalíes fueron trasladados a la corte China ante la demanda de thangkas de aquel momento. Y es que este tipo de pintura era utilizado por los budistas para realizar sus meditaciones. Además, la facilidad de su traslado de un lugar a otro, ya que se podían enrollar, permitió una proliferación de este arte, considerado uno de los mejores del Tíbet.

Su elaboración es muy es espiritual y nada se deja al azar.

Lo primero que se hace es elegir la tela en la que se va a realizar, ya sea lino, algodón o seda. Después se cosen los bordes de la tela, se sujeta con un marco de madera y se cubre con un pegamento especial que permitirá el alisado de la misma.

Cuando ha pasado un poco de tiempo y el pegamento se ha secado, se inicia el dibujo con carboncillo empezando del centro hacia los lados y se termina pintándolo con un pincel y adornos de seda.

El resultado es asombroso.

Su temática, al estar realizadas por monjes en su mayoría, es puramente budista y como tal debe de seguir unas directrices muy estrictas y tiene que ser elaborada por alguien que haya estudiado, observado y memorizado la temática budista de una manera muy intensa.

Dependiendo de los materiales utilizados y de las técnicas empleadas en su elaboración, los thangkas pueden diferenciarse en:

            Tson-Tang; están pintados con colores y son los más comunes.

            Go-Tang; realizado con apliques.

            Tsem-Thang; son los que están bordados.

            Nagtang; tienen el fondo negro.

            Mar-Tang; tienen el fondo rojo.

Sus medidas pueden ir desde las más pequeñas, de unos 45 y 75 centímetros de alto y ancho, a los más grandes de 18 metros de ancho y 6 de alto.

En Subastas Darley, ahora mismo, tenemos una pieza realmente preciosa de un Thangka tibetano que representa las enseñanzas de Abhidharma, estudios doctrinales de las enseñanzas del Buda.

Chu Teh Chun

Chu Teh Chun es uno de los pintores chinos con más éxito. De hecho, en el 2012, vendió uno de sus cuadros por un valor de más de 7 millones de dólares.

Nacido en 1920 en Jiangsu Province, su inclinación artística le viene desde la cuna, ya que su familia estaba compuesta por doctores y coleccionistas de pintura china. Comenzó a estudiar arte a los 15 años en la Academia de Bellas Artes de Hangzhou y acabó siendo profesor en la Universidad Nacional Central de Nanking.

En 1949 se trasladó a vivir a Taiwán, convirtiéndose en profesor de Arte de la Universidad Nacional. En 1955 se trasladó a París para aprender de los mejores y comenzó a exponer en la ciudad de las luces. Y en 1997, fue el primer artista chino elegido para pertenecer como miembro a la prestigiosa Academia de las Artes y las Letras de Paris.

Su objetivo artístico desde entonces ha sido el de conseguir unir el arte oriental con el occidental aunque sin abandonar sus raíces artísticas chinas, lo que le confiere esa exclusividad.

Sus obras, abstractas prácticamente todas, son paisajes chinos, muy poéticos, que en vez de mostrar, sugieren rocas, cataratas, montañas, nubes de colores… permitiendo que el espectador sienta lo que hay en cada obra.

Su obra desprende energía y vitalidad teniendo pareciendo tener vida propia. Son increíbles composiciones que entremezclan el estilo romántico y el abstracto para darle a las obras una significación especial.

Gracias a la apertura de la China continental al mundo exterior, hoy en día, Chu Teh Chun es conocido y grandemente alabado en su tierra, donde ha realizado innumerables exposiciones.

Tomás Vilà, el realista del paisaje

Hoy hablamos de un artista que ha entrado hace poco en nuestra lista de subastas: Tomás Vilà.

Nació hace 62 años en la provincia de Girona y más concretamente en Cellera de Ter.

Como artista profesional lleva 34 años en un mundo en el que sólo los mejores triunfan y, aunque como él dice, no es ni Picasso ni Dalí, sí que ha encontrado un público que le admira, que hace colecciones suyas, que le imitan y copian sus obras y que invierten económicamente en la adquisición de las mismas.

Su pintura es clásica aunque no duda en buscar y utilizar nuevas técnicas que le permitan explorar sus propios sentimientos a la hora de plasmarlos en sus obras. Él mismo dice, que a través de sus obras, quiere “transmitir alegría, vida, felicidad y tranquilidad”, que el espectador de sus obras se identifique con lo que tiene delante de él y que, pase el tiempo que pase, las sensaciones sean las mismas.

Gran enamorado de su tierra, es muy habitual que sus obras estén centradas en su tierra, su mar, sus casas, barcos y/o bodegas.

Sus señas de identidad son los paisajes nocturnos en los que represente la luna y las estrellas de una manera bella e intensa que permite al espectador conocer uno más de los aspectos extraordinarios que la naturaleza posee.

Su realismo es tal, que sus telas se convierten en un diálogo con la belleza de lo que pinta.

En Subastas Darley hemos descubierto su impresionante potencial y hemos querido compartirlo con vosotros subastando una obra artística suya digna de las mejores casas de subastas.

En concreto se trata de la obra “Celler del más Moner” en óleo sobre lienzo con unas medidas de 39×46 centímetros.

Por supuesto, está firmado por el autor.