Rafael, el pintor de Urbino

Rafael, cuyo nombre real era Raffaello Sanzio, nació en la localidad de Urbino el 06 de abril del año 1486, un viernes santo.

Era hijo de Giovanni Santi, pintor y humanista italiano que lo dejó huérfano a la edad de 11 años, tras la muerte también de su madre. Pasó entonces a estar bajo la tutela de su tío Bartolomeo. Tras ello y para ganarse la vida, trabajó como aprendiz en varios talleres de arte junto a Perugino y, durante su estancia en Florencia, aprendió y tomó ejemplo de Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci.

Durante sus primeros años tuvo una vida nómada en la que se movió por varios lugares de Italia y en la que adquirió influencia de muchos de los artistas de la época, pintando por aquel entonces obras como Las Tres Gracias, La Bella Jardinera o El Sueño del Caballero.

Considerado como niño prodigio, a los 25 años tuvo su primer encargo oficial, pintar las Estancias Vaticanas, entre el que se encuentra el fresco La Escuela de Atenas, entre otras. Encargo de Julio II, Rafael pintó algunos de los frescos más famosos de la historia del arte. Obras como La Escuela de Atenas, El Párnaso o La Liberación de San Pedro decoran las estancias privadas del Vaticano haciendo de ellas algo único.

Monta su propio taller de pintura en el que tuvo a más de cincuenta pupilos y ayudantes, considerado uno de los mayores talleres bajo un único maestro. Incluso después de su muerte, la actividad siguió. Alguno de sus discípulos conocidos fue Giulio Romano. Polidoro da Caravaggio o Giovanni da Udine.

Vivía en el Borgo con bastante lujo, en un palacete que había diseñado Bramante. Soltero, sólo se le conocieron algunas relaciones sentimentales cortas, la más famosa, la que mantuvo con Margherita Luti, hija de un panadero de origen sienés.

Su prematura muerte a la edad de 37 años, fue también un viernes santo y debida a unas fiebres de las que los médicos no supieron la causa. Eso sí, le dio tiempo para dejar todos sus asuntos arreglados, entre ellos el de ser enterrado en el Panteón de Roma en un sarcófago de mármol con la siguiente frase de Pietro Bembo tallada: “Aquí yace Rafael, por el que en vida temió ser vencida la naturaleza, y al morir él, temió morir por ella”.

La calidad monumental de sus figuras, con perfecto equilibrio entre el hombre y la naturaleza, su riqueza inventiva, influido por la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, detallados y con un alto nivel de acabado le han hecho estar en uno de los lugares más destacados de la Historia del Arte Universal.

Las técnicas que utilizó para la mayoría de sus obras pasan de lápiz, punta de plomo, acuarela, esfumados, pluma, etc. Sus obras están consideradas como  las obras supremas del Renacimiento junto con las de Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel  y proporcionan una visión extremadamente idealizada de los sujetos representados, y las composiciones.