Salvador Rodríguez Bronchú

Biografía

Salvador Rodríguez Bronchú nació el 28 de noviembre de 1913 en la valenciana localidad de Godella.

Su padre, el pintor y escenógrafo Francisco Rodríguez Cabanes, fue su maestro en el taller que este último tenía hasta que Juan Belda entró en su formación.

Aunque durante muchos años fue pintor mural y restaurador de iglesias, lo cierto es que siempre ha sido conocido por “el pintor de los grises” aunque en su dilatada carrera realizó cambios de estilo.

Pintor de grises

Pintor autodidacta, consiguió pasar de pintar paredes a ser un pintor reconocido dentro de la Escuela de Godella.

Según palabras de su hijo Enrique: “La vida de un pintor no es fácil, sacrificas muchas cosas, la estabilidad familiar, unos ingresos más o menos fijos…”.

Huyendo de las comparaciones artísticas, Bronchú trabajó hábilmente la espátula en sus obras y, aunque su color siempre fue el gris, trabajó con la misma alma obras más coloristas y matéricas.

Su inspiración fue su amada Valencia, de la que no se separó, aunque ocasiones tuvo. La necesitaba para respirar, para vivir y para pintar. De hecho, sus obras salen de esa alma que no necesitó una técnica concreta para crearlas.

Al principio de su carrera, sus obras se centraban más en rincones de ciudades emblemáticas como Paris, pero a lo largo de la misma, y sobre todo, al final de su carrera, se decantó más por temas costumbristas de su Valencia, gracias, sobre todo, a la petición de obras que le hacían particulares.

A lo largo de su carrera recibió numerosos premios pictóricos, entre ellos, dos medallas Nacionales de Bellas Artes, la última en 1957.

Sus Obras

Aunque la mayoría de sus obras están en manos de particulares que las han adquirido a través de subastas, podemos ver alguna de ellas en museos como: Museo de la Coruña, Museo Provincial de Valencia, Museo de Ávila, la Pinacoteca Municipal de Valencia o el Ateneo Mercantil de Valencia, entre otros.

Como la obra que subastamos en nuestra web: “Plaza de Toros”, una buena muestra de su vertiente más colorista y matérica en la que destaca el magnífico y hábil uso de la espátula.

 

Plaza de toros

Plaza de toros

Su defunción se produjo el 27 de noviembre del año 1999.

Según palabras de los expertos, la obra de Bronchú consigue adentrarse en el alma de las personas que la contemplan porque tiene la virtud de hacernos soñar.