Georges de La Tour

A Georges de La Tour se le puede considerar el pintor renacido, ya que durante más de tres siglos su obra, vida y arte se perdió en el olvido sin saber muy bien por qué.

Poco se sabe sobre él, más que nació en Vic-sur-Seille, dentro del ducado de Lorena, Francia el 13 de marzo de 1593. Parece ser que fue el segundo de los siete hijos que tuvieron el tahonero Jean de La Tour y la panadera Sibylle Mélian.

No se sabe muy bien pero parece que viajó a Italia y a los Países Bajos en alguna ocasión, ya que así lo demuestran sus influencias artísticas.

Casó en el año 1617 con la hija de un tesorero del duque de Lorena llamada Diane Le Nerf, con quien tuvo diez hijos, de los cuales sólo sobrevivieron tres de ellos, Étienne, Claude y Chrétienne.

Tras instalarse en la capital de Lorena, Lunéville, abrió un estudio en el acogió a numerosos aprendices, entre ellos a su hijo Étienne. Durante esa próspera época, abundó el trabajo y tuvo varios encargos del duque Enrique II, del gobernador francés Henri de la Ferté-Senneterre y además tuvo pensión real.

En 1630 todo se vino a pique con las penurias que empezó a vivir la región de Lorena entre las que destacaron la peste, la Guerra de los Treinta Años, tumultos, incendios, etc. Por ello, Georges de La Tour se fue a París para ser el pintor real de Luis XIII.

En 1652, tanto su mujer como él murieron de peste.

A lo largo de su vida tuvo una exitosa carrera exponiendo sus obras en toda la corte de Lorena, en las paredes de los palacios de Luis XIII e incluso tuvo varios de ellos en la colección privada del Cardenal Richelieu.

Su estilo es muy determinado y está supeditado al uso de una solo fuente de luz, llevando el tenebrismo a su obra.

Se puede decir que tuvo dos épocas diferenciadas en las que su estilo era muy personal. En la primera época hablamos de cuadros diurnos y equilibrados y en la segunda destacan los nocturnos más rigurosos.

La iluminación de sus obras proviene de una vela y son monocromáticas. Sólo utiliza el rojo y el negro para sus obras nocturnas y el blanco y el morado para las diurnas.

La temática que utiliza para sus obras también varía. Aunque siempre en el mismo estilo, pintó escenas religiosas, devotas, de género. Pero su mayor característica es que pintaba mujeres con los rasgos contenidos, serias, dedicadas, piadosas. Y nunca tocó el tema religioso de la Pasión, ya que más bien se centraba en escenas de santos que curaban la peste o natividades. Tampoco pintó nunca retratos.

A día de hoy, parece ser que se le han adjudicado 70 obras, de las cuales 31 están ahora mismo en el Museo del Prado en una exposición dedicada exclusivamente a dar a conocer a uno de los grandes artistas franceses del tenebrismo.

 

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