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Lin Fengmian

Lin Fengmain

Lin Fengmain, originariamente Lin Shaoqiong, nació el 22 de noviembre de 1900 en Meixian, Guangdong y fue hijo de pintor perteneciente a una familia de canteros.

Considerado uno de los maestros y artistas más destacados e importantes del siglo XX en China, ya desde pequeño tuvo una apasionante relación con la pintura tradicional que exploró gracias a las enseñanzas de su padre.

En 1920 viajó a Europa, en concreto a París y Berlín, para estudiar el arte occidental y empaparse de las técnicas y el estilo del arte impresionista, fauvista y primitivista. Estudió en el Instituto de Bellas Artes de Dijon y la Academia Nacional de Bellas Artes de París, exponiendo incluso en el Salón de Otoño de París.

A su vuelta a China, en 1925, le nombraron director de la Escuela Estatal de Arte Vocacional de Beijing y, más tarde, de la Escuela Nacional de Arte de Hangzhou. Colaboró en la creación de la Academia Nacional de Arte, del Movimiento de Arte Chino y se dedicó de lleno a sus obras, sus clases y sus escritos sobre el arte chino y el occidental.

Desgraciadamente, su carrera se truncó por las guerras y muchas de sus obras fueron destruidas. Se le criticó su manera de pensar y denunciado por el denominado Grupo de los Cuatro, pasó cuatro años en la cárcel. Antes de ello, él mismo destruyó su obra.

En el año 1977, tras haber salido de la cárcel y haber rehecho sus obras, se trasladó a vivir a Hong Kong hasta el día de su muerte acaecido el 12 de agosto de 1991.

Su Obra

Apasionado del arte, absorbió toda la información que pudo de las corrientes artísticas occidentales cogiendo de ellas las técnicas que más le interesaron para utilizarlas en sus obras de carácter tradicional.

Sus obras tienen vida, movimiento, delicadeza, armonía y una manera de romper las convenciones que sorprendieron a muchos por la manera tan personal que tenía de emplear los tonos brillantes. Pero, eso sí, sin perder ni un ápice el lenguaje visual que tiene la pintura oriental.

Durante muchos años, su obra fue rechazada por no ser adecuada para servir a la nueva sociedad aunque al final se nos ha permitido verla sin prejuicios.