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Las anécdotas más famosas de algunos pintores

Anécdotas de artistas

Hoy vamos a hacer un post diferente, algo un poco más divertido que el resto. Vamos a contaros las anéctodas más famosas de algunos pintores.

Y es que el arte es diversión también y los artistas más famosos se gastaban su humor propio.

Picasso

Por ejemplo, Picasso. Todos sabemos que tenía un sentido del humor muy especial y que era todo un personaje. En una ocasión en que le visitaron unos amigos, estos le peguntaron bastante sorprendidos, que por qué no tenía ningún cuadro suyo colgado en la casa. Picasso respondió: El problema es que son tan caros que no puedo permitírmelos.

Aunque quizás es más famosa la anécdota en la que estando Picasso tomando el sol en la playa se le acercó un niño preguntándole si podía firmarle un autógrafo y un dibujo en un papel. Picasso, percatándose que el niño no había venido por voluntad propia sino de sus padres (pudiendo así conseguir gratis una obra suya), le dio la vuelta al niño y pintó sobre su espalda desnuda.

Días más tarde, estando con unos amigos, aún se preguntaba si los padres habrían o no lavado ya al niño.

Renoir

Renoir es otro caso de gran sentido del humor. El pintor francés, muy conocido por sus desnudos, respondió a la pregunta de cómo conseguía darle esa sugerencia a los desnudos diciendo que lo único que él hacía era pintar y pintar hasta que le entraban ganas de pellizcar su obra. Así sabía si ya estaban terminadas.

En otra ocasión, un hombre le preguntó que cuál era la moda que más le había gustado pintar en cuanto a vestidos de mujer se refiera. Él contestó: La única que no pasa de moda. El desnudo.

Miguel Ángel

El grandioso Miguel Ángel tampoco se libra.

Cuentan que cuando terminó el David se lo enseñó al papa Alejandro VI a quien no le gustó mucho como le había quedado la nariz, ya que era demasiado grande. Miguel Ángel, pícaro como ningún otro, hizo que tallaba de nuevo la nariz con polvo de mármol. Lo más terrible, es que al papa le encantó la modificación.

Rembrandt

El genio del realismo, Rembrandt, tuvo también muchas anécdotas para contar pero, quizás, la más conocida sea la siguiente.

Un alto cargo de Holanda le encargó un retrato de su persona para poder exhibirlo en su domicilio. Pasados unos días, Rembrandt se lo mostró pero al retratado no le gustó nada lo que veía ya que no le parecía nada realista, así que le pidió al artista que lo retocara para dejarlo como él quería.

Cuatro días después, el alto cargo fue al estudio de Rembrandt a buscar su obra y antes de entrar en la sala donde le esperaba, se percató de que había una moneda en el suelo. Se agachó a cogerla y su cara fue todo un poema cuando se dio cuenta que era un dibujo, que no era real.

Así recogió el retrato que le había realizado Rembrandt sin mirarlo siquiera, ya que comprendió la genialidad del pintor, dándose cuenta de que lo que estaba mal en el cuadro no era culpa del pintor sino del pintado.