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Salvador Dalí

Salvador Dalí, máximo representante del surrealismo, nació en Figueras el 11 de mayo de 1904 en el seno de una familia acomodada. Su padre era Salvador Dalí i Cusí, abogado y notario y su madre, Felipa Doménech i Ferrés.

Fue pintor, escenógrafo, escultor, grabador e incluso escritor.

Biografía

Su amor por el arte le vino de muy joven alentado por su madre, que veía en él a alguien con mucho talento. A la edad de 12 años se empezó a interesar por la pintura contemporánea cuando conoció a Ramón Pichot.

Cuando contaba con 16 años, su madre falleció a consecuencia de un cáncer de ovarios, uno de los golpes más fuertes de su vida y su padre se casó con la hermana de esta, algo que Salvador Dalí nunca aceptó.

En 1922, con 18 años, se trasladó a Madrid, a la famosa residencia de estudiantes donde conoció a Federico García Lorca, Luis Buñuel y Pepín Bello mientras acudía a sus clases en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En esta época ilustró el poemario de un compañero suyo y se dice que tuvo una apasionada relación con Lorca.

Expulsado de la residencia en 1926, viajó a París donde conoció a su admirado Pablo Picasso y su imbuyó en las obras y estilos de Zurbarán, Rafael, Velázquez, de quien copió su característico bigote y Vermeer.

Durante esa época colaboró en el cortometraje “Un perro andaluz” de su gran amigo Luis Buñuel y conoció a la que sería su esposa y musa, Gala, casada en aquel entonces con el poeta francés Paul Éluard.

Debido a su relación con ella tuvo un encontronazo irreparable con su padre que no aceptaba ni eso ni que estuviera rodeado de artistas surrealistas que, según él, cometían verdaderas abominaciones. Fue desheredado y no volvió a tener relación con él.

Gala y Dalí se casaron por lo civil en el año 1934 y por la iglesia en 1958.

El mismo año de su boda civil, marchó a Nueva York, donde levantó un revuelo bastante grande con la exposición que llevó y por el comportamiento tanto de él como de su esposa Gala en una fiesta de disfraces que realizaron para ellos. Dalí tuvo que pedir disculpas públicas.

Junto con su mecenas, Edward James, creó dos de los iconos más representativos del momento, el sofá labio de Mae West y el reloj langosta.

Durante su estancia en Estados Unidos, escribió su biografía, una novela, los catálogos de sus exposiciones, un guión cinematográfico, decoró algún que otro escaparate, diseño ilustraciones y decorados de alguna película.

Ya a su regreso a España, Salvador Dalí, rodó un anuncio televisivo para una marca de chocolate, diseño el logo de Chupa Chups, fue responsable creativo de Eurovisión y Juan Carlos I le concedió el título de Marqués de Púbol.

En 1982, su esposa Gala, falleció, lo que le sumió en una inmensa depresión que le hizo perder las ganas de vivir llegando a protagonizar sospechosos accidentes que más bien parecían suicidios.

El 23 de enero de 1989 falleció a los 84 años en su casa de Figueras y escuchando su obra favorita de Wagner, Tristán e Isolda.

Declaró al Estado Español heredero universal de toda su obra.

Su  obra

Uno de sus símbolos más conocidos, que además adorno su museo de Figueras, era el huevo. Él lo enlazaba con los conceptos de esperanza y amor. También recurrió a otros símbolos como el elefante, las hormigas, el caracol o las langostas.

Realizó más de 1.500 obras pictóricas más sus esculturas, escritos, litografías, vestuarios, escenografías, libros, etc. La mayoría de ellas están en el Teatro-Museo Dalí de Figueras, aunque hay otras en el Museo Reina Sofía, la Salvador Dalí Gallery de Pacific Palisades (California), el Espace Dalí de Montmartre (París), o el Dalí Universe de Londres.

En sus obras, Dalí es excesivamente minucioso en los detalles, mezclando siempre lo real con lo imaginario, la vida con la muerte, la paranoia que tanto le acompañó en sus delirios surrealistas, el simbolismo o la hiper realidad.

A través de sus obras y siguiendo los dictados de las teorías freudianas, el artista saca a la luz los aspectos más ocultos de su vida erótica, sus fantasías y sus deseos. Con un surrealismo que él consideraba apolítico y que en más de una ocasión le dio más de un problema, sus obras pueden considerarse atemporales y difíciles de clasificar. Como él decía: “que no conozca el significado de mi arte, no significa que no lo tenga”.

Un icono del arte y del mundo moderno que ha sido estudiado, imitado, envidiado, criticado, juzgado y estudiado con el mismo fervor.