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Baltasar Lobo

Hoy 22 de febrero de 2016 se cumplen 106 años del nacimiento, en Cerecinos de Campos (Zamora) de uno de nuestros grandes escultores, Baltasar Lobo.

Su familia, de origen humilde, trató siempre de dar la educación que merecían a sus hijos pagándoles los estudios que quisieron. Su padre, carpintero de profesión, tenía un pequeño taller de carretería que le hubiera gustado ceder a su hijo, pero este tenía otras aspiraciones. Hombre inteligente y cultivado, le quiso inculcar a sus hijos el amor por la lectura y la lucha de los obreros. Realizaba reuniones políticas en su taller y fue alcalde del pueblo.

Baltasar Lobo estudió primero en la Escuela Cervantes de Benavente entrando en contacto con algo que le influyó en toda su obra, las formas cicládicas griegas. Después se trasladó a Valladolid para estudiar con el maestro escultor Ramón Núñez y entrar en la Escuela de Artes y Oficios. Ya en 1927 marchó a vivir a Madrid para disfrutar de una beca en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la que sólo pertenece unos meses para entrar a trabajar con el poeta anarquista Ángel Garzón junto con el que entra  formar parte del movimiento anarquista.

Deja definitivamente Zamora junto a su familia para establecerse en Madrid cuando estalla la Guerra Civil. Allí muere su padre, víctima de un bombardeo en el que también quedaron destruidas varias de sus obras.

Durante la Guerra conoce a la abogada y escritora Mercedes Comaposada Guillén, nueve años mayor que él, con quien se casa y exilia a París. Allí se hace amigo de Picasso, quien le ayudó en los momentos difíciles, y de Henri Laurens.

Será esa la época en la que comenzará a realizar exposiciones individuales por toda Europa acrecentando su fama internacional. En los años ochenta empieza a exponer en su tierra, celebrando su primera exposición en Zamora (1984) y siendo homenajeado en la VIII Bienal que se celebra de esta ciudad (1986).

Falleció en París a la edad de 83 años cuando aún estaba inmerso en la creación de nuevos proyectos que se iban a ubicar en Zamora, su tierra natal, a la que nunca dejó de estar vinculado.

Sus esculturas, características por su volumen, su perfección en el moldeado, la plasticidad táctil y la luminosidad de sus obras, tienen una belleza etérea reconocida mundialmente y ganadora de varios premios y distinciones.

Hoy en día podemos ver su obra expuesta en el Museo de Baltasar Lobo, entre otras muchas ubicaciones repartidas por todo el mundo.